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Mirsa Suárez Maldonado quien pretende cargar dados en elección de MORENA después de estar ausente, hoy sale a “llamar a la unidad”, el chiste se cuenta solo.

En un acto de cinismo político que ya raya en el descaro, la dirigente estatal de Morena en Morelos, Mirsa Suárez Maldonado, reapareció este martes tras meses de silencio y ausencia total ante la opinión pública para “llamar a la unidad, el respeto y la civilidad” entre los militantes que participarán en los procesos internos del partido.

El chiste se cuenta solo.

Mientras habla de unidad, Mirsa Maldonado es la misma que ha convertido los procesos internos de Morena en un fraude con dados cargados, orquestado desde las oficinas del estado para beneficiar a un pequeño círculo de neomorenistas de última hora.

Militantes de base denuncian con nombres y apellidos que la presidenta estatal no convoca, simplemente selecciona. Solo llama al 10% de los consejeros cuando le conviene, excluye deliberadamente a la mayoría y luego finge que se celebró una asamblea democrática. Es la técnica perfecta del autoritarismo disfrazado de “democracia participativa”.

El caso más escandaloso y vergonzoso es el de Javier Bolaños en Cuernavaca. Un personaje que nunca militó en Morena, que criticó duramente el movimiento de Andrés Manuel López Obrador y que hoy, convertido en neomorenista de conveniencia, es impulsado desde las alturas del partido para arrebatar la presidencia municipal.

Todo ello dejando en la banqueta a quienes sí sudaron la camiseta cuando el movimiento era oposición real y no repartidero de cargos.

Este no es un error. Es un modus operandi.

Con sus acciones, Mirsa Suárez Maldonado está sembrando deliberadamente la semilla de la fractura. Su llamado a la “unidad” de hoy no es más que un burdo intento de lavarse las manos y quitarse el muerto de encima antes de que explote la bomba que ella misma ha fabricado.

Cuando estalle la guerra interna —y va a estallar— la dirigente ya tiene preparada su coartada: “yo llamé a la unidad”. Mientras tanto, sigue operando en la oscuridad para imponer a sus favoritos y castigar a quienes se atreven a cuestionar el dedazo disfrazado.

Morena en Morelos se está convirtiendo en lo que tanto criticó en sus orígenes: un partido de cuates, imposiciones y traiciones a la militancia de base. Y la principal responsable de esta degradación tiene nombre y apellido: Mirsa Suárez Maldonado.

La militancia no está ciega. Y la historia tampoco olvida.

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