
Los descuidos del Ayuntamiento de Cuernavaca se evidencian por todos lados. Mientras las autoridades se jactan de anunciar obras en distintas zonas de la ciudad, abren calles, escarban y dejan los trabajos inconclusos, la ciudadanía padece las consecuencias de una gestión marcada por la improvisación y la falta de responsabilidad.
La gente ya se hartó de obras que se prolongan durante meses y que, cuando finalmente “concluyen”, dejan material de construcción estorbando en las vías públicas.
El caso más reciente y alarmante se registra en la avenida Díaz Ordaz, casi en la esquina con Atlacomulco, donde una acumulación de piedras permanece abandonada desde hace al menos dos meses.
Automovilistas y motociclistas llevan semanas solicitando al Ayuntamiento que retire ese material, que representa un peligro real y constante. Sin embargo, nadie ha atendido el reclamo.
Parece que a nadie en la administración que dirige el alcalde José Luis Urióstegui le interesa resolver un problema que, de noche o con lluvia, puede volverse mortal.
Los descuidos del Ayuntamiento pueden salir muy caros. Si esas piedras provocan un accidente, el costo podría medirse en vidas humanas. Además, la responsabilidad legal y política recaería de manera directa en la autoridad municipal, que ha preferido mirar hacia otro lado mientras el riesgo persiste a la vista de todos.
La ciudadanía no pide milagros: exige lo mínimo. Que las obras se terminen de verdad y que se retiren de inmediato los obstáculos que amenazan la seguridad de quienes transitan por las calles de Cuernavaca.
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