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El peso se estrella y toca otro mínimo histórico vapuleado por Trump

La película de terror que pronosticó el gobernador del Banco de México ya ha empezado. El peso, uno de los termómetros más sensibles de la economía mexicana, ha tocado un nuevo mínimo histórico frente al dólar (22,02 en ventanilla; 21,76 en el interbancario). Aunque el desplome se atribuye a la inminencia de la conferencia de prensa que ofrecerá mañana Donald Trump y en la que se espera que aseste un nuevo varapalo a México, no deja de ser una cruz más en un largo y constante declive.

Desde que Enrique Peña Nieto llegó al poder en diciembre de 2012, la moneda se ha depreciado casi un 70% frente al dólar. La caída se ha acentuado en el último año. La irrupción de Trump en las quinielas republicanas, sus amenazas contra México y su agigantamiento político con la victoria de noviembre pasado han ido derribando todas las barreras hasta dejar a la divisa a la intemperie.

En este viaje, el peso ha sumado compañeros. La inflación, uno de los grandes baluartes nacionales frente a los huracanes hemisféricos, ha empezado a tambalearse y, golpeada por las sucesivos aumentos de los tipos de interés, terminó el año en 3,36%, el porcentaje más alto desde 2014. Y la previsión es que en los próximos meses, aupada por la vertiginosa subida de las gasolinas (del 15% al 20%), supere con largueza el 4%.

El mismo camino ha emprendido la inversión extranjera directa. Considerada durante años la otra gran baza de México, el proteccionismo salvaje de Trump, con su constante amedrentamiento a las multinacionales que tercerizan al sur del río Bravo, ha puesto boca abajo este capítulo. Gigantes como Ford ya han abandonado sus proyectos de inversión (1.600 millones de dólares) y otros como Fiat Chrysler consideran públicamente una “gran locura” apostar por México. En este contexto, expertos como los de Citibanamex, filial mexicana de Citibank, han recortado las previsiones de inversión un 30% (de 35.800 millones a 25.000 millones) y no se descarta que, si se rompe el tratado de libre comercio, el hachazo sea aún mayor.

Bajo esta tormenta, casi nadie cree posible una mejoría rápida. En contra de lo previsto por los más optimistas, la púrpura imperial no ha templado el discurso de Trump. Por el contrario, a medida que se acerca la toma de posesión, su virulencia discursiva aumenta hasta el punto de que la sola mención de una conferencia de prensa suya hace temblar la moneda mexicana, que en lo que va de año ya se ha depreciado un 4%.

La salida de este túnel es cada vez más lejana. Aunque la posibilidad de una intervención del Banco de México, con la venta controlada de dólares, pueda reducir la presión sobre el peso, no deja de ser una medida pasajera . La semana pasada, ante otro embate cambiario, el banco central intervino con 2.000 millones de dólares. La terapia, como se ha visto hoy, sirvió de poco. La tendencia apunta hacia la erosión y el contexto internacional es poco esperanzador. “La actividad económica mundial bajará en 2017 y afectará a un país abierto a los flujos como México”, ha señalado el secretario general de la OCDE, Ángel Gurría. La tormenta no ha hecho más que empezar.

Información obtenida de El País

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