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MUERE EN MORELOS EL RUSO, UN URUGUAYO QUE SEMBRÓ EL TERROR

Este día la Procuraduría General de Justicia del Estado de Morelos confirmó a través de un comunicado el deceso de quien fue considerado por las autoridades uno de los más peligrosos delincuentes, asesinos con un alto coeficiente intelectual que estremeció a la sociedad por la forma de cometer sus crímenes se trata de Jorge Bochkavior Futivo un uruguayo recluido desde hace varios años en distintas cárceles del país de las cuales en algunos se fugo como de Topo Chico y en otro intentó como el de Apodaca.

El comunicado de la Procuraduría de Morelos establece que “Al interior del área de hospital del Centro Federal de Reinserción Psicosocial (CEFEREPSI), se tuvo a la vista sobre una camilla, el cuerpo sin vida de una persona del sexo masculino Jorge Bochkavior Futivo de 60 AÑOS quien no presentó lesiones, realizándose el levantamiento de cadáver siendo las 16:00 horas por paro cardiorespiratorio

El encargado de trámites jurídicos de dicho centro informó que el hoy occiso era de nacionalidad Uruguaya y radicó en México los últimos 38 años, padecía cáncer en la próstata con metástasis a hígado, fue recluido por los delitos de robo de vehículo y contra la salud, ingresó al CEFEREPSI procedente del CEFERESO número 3 Noroeste” concluye el boletín oficial.. pero según los antecedentes encontrados en algunos blogs de Intenet se pueden leer que fue el asesino de un pequeño en Monterrey. Aquí la reproducción integra de lo que se escribió de él hace un par de años.
El niño Hernán Marcelo Villarreal Urrutia, de 9 años, fue secuestrado en octubre de 1986 cuando salió del Colegio Regiomontano Contry, ubicado al sur de la ciudad. Los raptores fueron Juan Carlos Pedrón Kury y Jorge Bochkavior Futivo, alias “El Ruso”, éste último un uruguayo de alta peligrosidad dado su elevado coeficiente mental de 160 y su sangre fría.

Ellos lo subieron, quién sabe si con engaños o a la fuerza, a un automóvil Topaz blanco y lo llevaron del colegio lasallista hasta la tienda de helados Danesa 33 que estaba en Boulevard Acapulco y Avenidas Las Torres, hoy Lázaro Cárdenas, y ahí cambiaron el coche por un Volkswagen.

Bochkavior le inyectó a Hernán un centímetro cúbico de Ronpum, una sustancia que sirve para inmovilizar animales utilizada comúnmente para la cacería, pero antes de que se durmiera por el efecto del fármaco le grabó un mensaje: “Papá, mamá, estoy bien, vengan por mí, saludos a mis hermanos”.

Luego “El Ruso” ordenó a Pedrón Kuri, Anselmo Aboytes Franco y Nicolás Tamez Ramírez, otros cómplices, que mataran al niño, mientras él se retiraba a anunciar el secuestro a los padres de la víctima.

Entonces estrangularon con un cable eléctrico a Hernán y echaron su cadáver en un costal de ixtle en una noria, a unos 500 metros del camino a El Barrial, en Villa de Santiago.

A pesar de que ya habían asesinado al niño, Bochkavior pidió a sus padres un rescate de 100 millones de pesos y en los días subsecuentes continuó su malévola farsa, hasta que unos trabajadores de la SAHOP descubrieron el cadáver el 4 de noviembre.

Nunca se supo por qué escogieron a Hernán, pues su familia no era tan acaudalada ni poseía propiedades ostentosas que pudieran haber seducido la avaricia de los raptores. La indignación entre los regiomontanos no tuvo límites y todavía el caso se recuerda como si hubiese ocurrido ayer, tal vez porque de alguna manera marcó el ingreso de una ciudad tranquila a la era del miedo y la inseguridad que prevalece en las grandes metrópolis.

Los asesinos fueron capturados en México unos días después y traídos a Monterrey, en donde se les procesó y sentenció a la pena máxima de 25 años, con excepción de Aboytes, a quien le impusieron 18 años de prisión.

En el caso de Bochkavior, él fue sentenciado además a 20 años de cárcel por el asesinato de Guillermina Garza en la Colonia Linda Vista, en Guadalupe, y su pena aumentó otros 8 años por el delito de robo de autos en San Nicolás.

Por si esto fuera poco, Bochkavior trató de fugarse del Centro de Readaptación Social de Apodaca, considerado uno de los más seguros de América Latina, en mayo de 1990, pero no lo consiguió. “El Ruso” acumuló una sentencia de 57 años de prisión, por lo que podría quedar libre hasta el año 2043; su condena la purga en un penal fuera de Nuevo León, a donde fue trasladado por su peligrosidad.

En otra de las notas refieren de su traslado al entonces recién inaugurado penal de Apodaca donde fue llevado para evitar su fuga por las torres, de entre 8 y 12 metros, y sus muros inmensos garantizaban el control. De hecho, cuestionado al respecto, “El Ruso”, con antecedentes de fuga en el Topo Chico, declaró: “Si aquellas paredes que se están cayendo me detuvieron, creó que éstas más”, en alusión a las de Apodaca.
Poco más de seis años después, sin embargo, él y De León Arreola, a quien apodaban “El Ñacas”, acordaron escalar el muro de seis metros para alcanzar la libertad. Sólo “El Ñacas” lo logró, no así “El Ruso”, a quien el primero no ayudó a salir.
Cuando alguien le preguntó cómo él, con un IQ tan alto, había confiado en que “El Ñacas” lo iba a ayudar tras subir primero, “El Ruso” dijo que él no era bobo como para arriesgarse a subir por delante y que le dispararan desde alguna de las torres.
Algunos describen al uruguayo como un sujeto tan peligroso que, a la manera de Hannibal Lecter en El Silencio de los Inocentes, le servían el alimento esposado; que pasaba el tiempo trazando pequeñas cuadrículas en la pared, y que advertía a quien quisiera oírlo que él tarde que temprano escaparía.
Lázaro, un hombre que estuvo preso, dice que no solía hablar con “El Ruso”, hoy preso en Puente Grande, pero evoca sus pasos en el pasillo durante las noches.
“Lo sacaban cuando todos dormían. Estuvo encerrado mucho tiempo en su celda después del intento de fuga y cuando a veces lo escuchaba sólo hablaba de futbol o de libros. Los psicólogos decían que batallaban mucho con él en las entrevistas.
Finalmente este personaje a quienes medios del norte identificaron como el Ruso terminó su vida en un penal federal de Morelos para personas con desordenes mentales.

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