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La agonía por un “beso”

Besos famosos hay muchos en la historia, como el de la escultura de Augusto Rodín, el de la foto de aquel marinero que apasionado tomó por sorpresa a una desconocida enfermera en Nueva York cuando la guerra se acabó, el beso de la princesa al sapo o el que tú le diste en la infancia a esa persona que siempre te gustó, pero hay otros besos poco románticos que literalmente matan, como el que da la llamada “Chinche Besucona”,
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así nombrada en el estado de Morelos y que es un insecto de la familia Triatominae clasificado como Triatoma infestans, un vector de cuerpo aplanado con hábitos nocturnos, hematófago y de color parduzco de aproximadamente 2.5 centímetros responsable de la enfermedad de Chagas.
Chagas es una afección parasitaria incurable que causa el fallecimiento repentino a los 10 o 20 años luego de que la Besucona -apodo bien ganado porque pica cerca de las mucosidades como la conjuntiva y los labios causando una severa hinchazón- se alimenta con sangre por medio de su trompa o probóscide y, después de hinchado el abdomen de tan satisfecha, defeca cerca de la picadura y la víctima -que le sirvió de merienda- se rasca instintivamente por la comezón y sin saberlo él o ella se infectan al esparcir sobre su piel los protozoarios Trypanosoma cruzi mismos que habitan en el estómago e intestinos de la chinche besucona, los cuales penetran en la rasgadura y, con el tiempo, se alojarán en el corazón –sitio que para los poetas es el nicho de la bondad y el amor- robándose el último aliento a través de un shock cardiogénico o muerte súbita, y todo por aquel lejano y olvidado beso.
Carlos Justiniano Ribeiro das Chagas fue el bacteriólogo, científico y médico brasileño que descubrió en 1909 esta enfermedad infecciosa definida como Tripanosomiasis americana, llamada luego en su honor enfermedad de Chagas. En el caso del insecto portador del protozoario, la población lo ha bautizado de diversas maneras dependiendo la ubicación geográfica siendo un problema de salud en áreas rurales de México, América Central y Sudamérica.
Así pues se le conoce como chinche besucona en México, chinche gaucha en Argentina, chirimacha en Perú, chinche picuda en Guatemala, Honduras y el Salvador, vinchuca en Argentina, Chile, Uruguay y Bolivia, pito en Colombia, chicha en Paraguay, chipo en Venezuela, o uno de tantos alias en Brasil como bicho de parede preto, chupa pinto, percevejo do sertão, porocotó, cafote, cascudo o barbeiro, entre otros que al final se refieren al mismo Triatómino hematófago que se encuentra en zonas rurales, anidando en las casas con paredes sin revoque o aplanado, techos de paja o lámina de cartón con chapopote, en lugares próximos al domicilio como gallineros o corrales, así como entre la acumulación de escombros y cacharros.

La enfermedad de Chagas burla las estadísticas en cualquier parte de México, Centro y Sudamérica luego de que las enfermedades cardiacas son la causa principal de muerte en el mundo y los burocráticos registros forenses escuetamente mencionan: “falla en el corazón”.
Son inciertas las estadísticas si en la autopsia se considera de manera remota que el Trypanosoma cruzi fue la posible causa del deceso, ya que es un padecimiento que se confunde y son más inciertas porque es poco probable la existencia de un expediente o historial médico del difunto que date de 10, 15 o 20 años atrás, en el cual haya un diagnóstico de un “chagoma de inoculación” que es un nódulo subcutáneo con adenitis (inflamación de un grupo de ganglios) regional en el sitio de la picadura; o bien el “signo de Romaña” en el caso de inoculación ocular, que es un edema bipalpebral unilateral con adenitis retroauricular, síntoma característico de la enfermedad. En síntesis, una flagrante inflamación en el ojo o la boca que deja pasmado a cualquiera que mire al enfermo y menos aún factible, que en zona rural, algún curioso de la localidad hubiera documentado el caso o más inusitado aún: ¿quién envió en ese entonces al laboratorio de epidemiología esa chinche capturada luego del “beso”, para un minucioso análisis y corroborar que no fuera portadora del Tripanozoma cruzi y así descartar el parásito?
He ahí porqué la Organización Mundial de la Salud, en un informe de 2012, calcula que el 98% de los contagiados no lo sabe. ¿Existe ya una cura? No. Este Triatoma infestans busca climas cálidos para reproducirse y en el caso del estado de Morelos, una región subtropical, tiene un hábitat privilegiado, exceptuando la parte norte de la entidad que se caracteriza por su bosques fríos, pero a partir del municipio de Cuernavaca hacia las localidades conurbadas de la región sur y oriente es donde tiene prevalencia.
Los tratamientos farmacológicos actuales para la enfermedad de Chagas solamente son el Benznidazole y el Nifurtimox y en México, el tratamiento de la fase crónica en adultos es únicamente sintomática. Se han reforzado las medidas de prevención de parte de las autoridades responsables de la Salud que consisten en acciones de búsqueda intencionada del vector con participación comunitaria, vigilancia entomológica orientada a la captura de chinches, visitas domiciliarias por parte de los Servicios de Salud, charlas educativas, actividades de higiene, mejoramiento y ordenamiento de la vivienda para evitar que el Triatoma infestans se reproduzca, así como la aplicación de insecticida especial dentro y fuera de la vivienda con el propósito de interrumpir la transmisión de dicha enfermedad.
A pesar de todo lo anterior, las consecuencias de este indeseable beso seguirán arrebatando el último aliento de vida a quien lo recibe, en una ignorada y lenta agonía, porque un día el corazón habrá de romperse y no precisamente por desamor.

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