
Ayala, Morelos, bajo el yugo de la impunidad: la alcaldesa Nayeli Mares Mérida es señalada por solapar la proliferación de bares y cantinas clandestinas.
La población de Ayala se encuentra harta y profundamente inconforme con la Presidenta Municipal, Nayeli Mares Mérida, a quien acusan de tolerar y proteger la operación irregular de bares y cantinas disfrazadas de “tiendas de abarrotes”.
Según vecinos, esta complacencia ha convertido al municipio en un foco de inseguridad y alcoholismo descontrolado.
Los ayalenses describen a la alcaldesa como ausente e indiferente. Aunque presume residencia en el municipio, muchos aseguran que pasa la mayor parte del tiempo en Cuautla, resguardada por escoltas, mientras Ayala se hunde en el abandono. Algunos incluso cuestionan su arraigo local, señalándola como oriunda de Xochitepec.
Durante su administración, los bares clandestinos se han multiplicado con alarmante impunidad. Vecinos denuncian que muchos operan bajo el manto protector del exalcalde y actual diputado local Isaac Pimentel Mejía, cuyos presuntos “parientes” o allegados serían beneficiarios directos de esta tolerancia.
Un ejemplo vergonzoso y cercano: a escasas dos cuadras de la supuesta casa de la presidenta municipal en Moyotepec, y a solo cinco metros de la Escuela Primaria Francisco Ayala, funcionan dos cantinas disfrazadas de tiendas.

Los clientes, en evidente estado de ebriedad, orinan y defecan en las paredes del plantel educativo, ante la pasividad de las autoridades.
A pesar de múltiples denuncias ante la ayudantía municipal y el propio ayuntamiento, la respuesta ha sido cínica y reveladora: “Es que son parientes del diputado”. Esta frase resume, para muchos, el nivel de colusión y favoritismo que impera en el municipio.
El descontrol se evidenció también durante el Carnaval y Carnavalito de Ayala, donde la venta de alcohol se permitió sin restricción alguna, derivando en riñas y agresiones que pudieron evitarse con una mínima autoridad.
Mientras la alcaldesa y su familia gozan de seguridad privada y escoltas, el resto de la población enfrenta un deterioro constante: aumento de la delincuencia, falta de servicios y un abandono generalizado. La doble moral es evidente: protección para unos, desamparo para la mayoría.
El caso más trágico y emblemático ocurrió el 18 de abril de 2026. En un bar clandestino en Anenecuilco (operación irregular que las autoridades municipales conocían perfectamente), un comando armado asesinó a ocho jóvenes. El establecimiento, que funcionaba sin permisos, representa la consecuencia más sangrienta de una política de omisión y complicidad que ya ha cobrado vidas.
La pregunta que los ayalenses se hacen es directa y urgente: ¿hasta cuándo la alcaldesa Nayeli Mares Mérida seguirá priorizando intereses particulares y protecciones políticas por encima de la seguridad y la dignidad de su municipio?
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